Recientemente tuve el placer de escuchar al economista Jeffrey Sachs en conversación con Tucker Carlson (comparto el enlace del podcast). Es refrescante escuchar conversaciones honestas como estas. Es importante exponerse a estas conversaciones porque el insularismo engendra aislamiento, y el aislamiento es nefasto para una colonia. Hoy más que nunca debemos imponer nuestra participación en el plano internacional.
La orden del día dentro del monstruoso aparato gubernamental de los Estados Unidos es la mentira y la agresividad, a tal punto que ese país ha estado, de alguna manera u otra, en perpetua guerra, como menciona Sachs.
Luego de escuchar la conversación por segunda ocasión, reflexioné sobre el rol de los puertorriqueños en todo este meollo imperialista estadounidense. No puedo evitar pensar en todas las vidas puertorriqueñas perdidas en conflictos estadounidenses desde que este último país se hizo con el nuestro (y continúa colonizando). Debo en este punto aclarar lo siguiente: “… a tal punto que ese país ha estado, de alguna manera u otra, en perpetua guerra” … a tal punto que HEMOS ESTADO, de alguna manera u otra, en perpetua guerra. Nosotros, los puertorriqueños, hemos estado envueltos en todo este desastre bélico debido a nuestra vergonzosa relación colonial con los Estados Unidos. Nos guste o no, sus guerras son nuestras guerras.
Recientemente tuve el privilegio de conversar con el gran pensador español Dr. José Luis Villacañas Berlanga. En algún momento de nuestra conversación, que tocó una gran variedad de temas relacionados al fenómeno del imperialismo, cuestioné la participación puertorriqueña en los conflictos bélicos estadounidenses. ¿Qué le hizo Vietnam a Puerto Rico? ¿Qué le hizo Corea a Puerto Rico? ¿Qué le hicieron Granada, Irak, Afganistán a Puerto Rico? NADA. Y, sin embargo, miles de puertorriqueños han sido cómplices indirectos de la barbarie estadounidense disfrazada de benefactora y “propagadora de democracia”.
A estas horas de la noche, mientras escucho el segundo movimiento de la séptima sinfonía de Beethoven, me rehúso a ver toda esta situación desde una perspectiva victimista. La resignación que muy a menudo acompaña la victimización no es parte de mi arsenal de sensaciones. La victimización muy a menudo viene acompañada de resignación y, a su vez, de inmovilismo, cosa que a Puerto Rico le ha hecho mucho daño. No debemos cogerle el gustito a ser víctimas jamás. En estas situaciones, debemos hacer como el toro José de Diego: mugir y embestir. Es mejor morir peleando que morir resignado.
Recientemente fue el Memorial Day. Pienso que muy probablemente la última guerra con participación estadounidense y puertorriqueña justificada fue la Segunda Guerra Mundial. El espectro fascista se podía quedar con el mundo; esta era una expectativa realista. A aquellas personas que puedan leer estas palabras y argumentar que no existe tal cosa como una participación puertorriqueña dentro del andamiaje militar norteamericano les diré lo siguiente: la nacionalidad puertorriqueña no es una ficción, sino un hecho. Y sí podemos cuestionar nuestro rol y accionar dentro del imperio estadounidense. De hecho, hacer esto es un imperativo moral. De igual manera en la que millares de cubanos perecieron innecesariamente en África (escuche los episodios de Archipiélago Histórico junto al Dr. Pablo Hernández González) han muerto millares de puertorriqueños en todo el mundo como parte de la maquinaria de guerra estadounidense.
Ahora toca Verklärte Nacht, Op. 4, de Arnold Schönberg. Se supone que en unos meses comience una maestría en historia militar. Tengo muchas cosas que pensar, muchas cosas que escribir y aprender, y con mucho trabajo (y no suerte porque no creo en eso) algún día dejarán de perecer los puertorriqueños en guerras ajenas.
Ramón A. González-Arango López
