El acompañamiento musical de este escrito es el gran Gustavo Cerati. Por ningún motivo. Así funcionan las cosas.

Vamos al mambo, como dicen en mi tierra. Como saben, llevo un tiempo trabajando en este proyecto. Mi prioridad ha sido hacer la historia de nuestras regiones accesible a las masas populares, a aquellas personas que, por un motivo u otro, no tienen acceso a ella. ¿Cuál es uno de esos motivos? La cultura académica. Sé que es fuerte, pero léanme y presten atención.

Voy a evidenciarlo con una anécdota. Recientemente contacté a un académico que maneja un conocimiento de gran utilidad y relevancia. Los detalles son innecesarios. No me interesa el bochinche, pero sí lo ilustrativa que fue esta experiencia.

El punto es que le hago una invitación para participar en el podcast… Me dice que contacte a otras personas que también contribuyeron a la publicación en la que participó, ya que solo publicó dos artículos. Le digo que está bien, pero que me interesa hacer divulgación del conocimiento que maneja. Y contesta: «Esto (la publicación) es un trabajo de divulgación.»

Para esta persona, y para muchas más, la divulgación se limita a la publicación de textos académicos. Si bien es cierto que las publicaciones constituyen ejemplos de divulgación, no es la única forma de divulgación. Lo he dicho antes y lo diré otra vez: el beneficiario principal de las ciencias sociales es LA SOCIEDAD. No es solamente la comunidad académica. No son solamente los colegas.

No estoy diciendo bajo ningún motivo que esta persona está ignorando a consciencia al vulgo. Lo que estoy diciendo y concluyendo a raíz de esta interacción es que para esta persona la divulgación para el público general ni siquiera existe como opción. Seamos honestos, nadie, o muy pocas personas fuera de la comunidad especializada, leerá su trabajo. Tenemos que cambiar la cultura, y, si se me permite, hacer una revolución. Hay que revolucionar la cultura académica.

Debemos comenzar a inculcar en nuestros productores de conocimiento el deber de divulgar el conocimiento que producen. Se cae de la mata. Lo he dicho antes y lo diré otra vez: si no lo hacen, están perdiendo el tiempo. El conocimiento no se debe limitar a un grupito de académicos e intelectuales (que no siempre son lo mismo, ojo).

Sí, esta es una anécdota; pero es una que refleja una realidad generalizada. Académico que me lees, empieza a considerar a tus compueblanos como receptores de lo que produces. Sé parte de la revolución. Atrás se han quedado los días de publicar para los colegas e ignorar a los que verdaderamente importan. 

 Ya estás aquí
 Y el paso que dimos
  Es causa y es efecto

 Fragmento de la canción «Puente» de Gustavo Cerati

4 comentarios sobre “¿Divulgación pa’ quién?

  1. Muy bien expuesto, Ramón. Estoy totalmente de acuerdo con tu planteamiento y esta ha sido una queja mía por mucho tiempo. Encima, muchos publican usando las palabras más «académicas» o enrevesadas posibles, como si quisieran que sólo la élite académica más rancia los entienda. Hasta los profesores nos lo exigen en nuestras tesis. Me parece un ridículo intento de mantener el conocimiento en las torres de marfil, sólo para uso de los dioses del Olimpo que algunos creen ser.

    Me gusta

      1. Esto es lo que dice Hispanoteca.eu: La expresión torre de marfil (tour d’ivoire) como símbolo del aislamiento del artista soñador que se aparta de la realidad de la vida diaria para dedicarse al arte “puro”, fue empleada por primera vez (1837) por el crítico literario y escritor francés Charles Augustin Sainte-Beuve (1804-1869), en un poema para caracterizar positivamente la actitud poética del poeta, novelista y dramaturgo francés Alfred de Vigny (1797-1863), en contraste con la actitud más comprometida socialmente del  poeta, novelista, dramaturgo y crítico francés Victor Hugo (1802-1885).

        Hoy en día la expresión vivir en una torre de marfil no se usa en sentido religioso. Expresa solamente un espacio de aislamiento total del mundo y desvinculación de las realidades cotidianas. Se aplica al poeta, al artista o al investigador, que vive absorto en su mundo del arte o de la ciencia sin tomar contacto con la realidad cotidiana.

        Le gusta a 1 persona

Replica a Ramón A. González-Arango López Cancelar la respuesta