La diáspora puertorriqueña tiene un desarrollo paralelo al del resto de los puertorriqueños. El desarrollo que experimentan los puertorriqueños en la diáspora no es el mismo que tendrían en Puerto Rico, simplemente porque nuestras realidades son distintas. Y eso no tiene nada de malo. Yo nací en Ponce y me crié en Coamo. Mi perspectiva y mi forma de ver el mundo son diferentes a las de alguien de segunda generación, que, por ejemplo, nació en Nueva Jersey. Hasta ahí todo está bien.

Los puertorriqueños no entendemos nuestra realidad en términos raciales. Somos el producto maravilloso de siglos de mestizaje, y el color de la piel tiene poca importancia para nosotros. Esto no quiere decir que el racismo no existe en Puerto Rico—existe en todas partes—pero no es un problema central en nuestra sociedad. Como dice el poema de Fortunato Vizcarrondo, “¿Y tu agüela, aonde ejtá?” Todos tenemos familiares y amistades de distintos colores, y como es tan común, ni siquiera lo percibimos.

Por otro lado, en Estados Unidos, el factor racial pesa mucho más. El racismo es un elemento constante en la cultura norteamericana, donde la segregación fue norma hasta hace muy poco. La realidad puertorriqueña y la estadounidense no son las mismas, y por lo tanto, la realidad de alguien en la diáspora es distinta a la de un puertorriqueño que vive en la isla. Sumidos en el contexto racial estadounidense, muchos puertorriqueños en la diáspora tienden a ver lo racial como un tema central en su vida cotidiana.

¿Dónde está el problema? El problema surge cuando un sector de la diáspora, influenciado por el racismo que los afecta, intenta imponer en Puerto Rico su identity politics. Lo hacen de forma directa o a través de personas progres en la isla. Ojo, esto no viene de la gente de a pie, viene de académicos en universidades estadounidenses quienes para mantener sus plazas y tener buena reputación deben adoptar la ideología woke y ser social justice warriors. Esto es puro postureo que el peor de los casos no lo es, sino que es la pérdida de una mente inquisitiva.

The laden phrase “identity politics” has come to signify a wide range of political activity and theorizing founded in the shared experiences of injustice of members of certain social groups. Rather than organizing solely around belief systems, programmatic manifestos, or party affiliation, identity political formations typically aim to secure the political freedom of a specific constituency marginalized within its larger context. Members of that constituency assert or reclaim ways of understanding their distinctiveness that challenge dominant characterizations, with the goal of greater self-determination.

Stanford Encyclopedia of Philosophy. (2020, July 11). Identity politicshttps://plato.stanford.edu/entries/identity-politics/

De ahí surgen personas que, de manera absurda, se empiezan a identificar como «afropuertorriqueños», cuando en Puerto Rico todos siempre hemos sido simplemente puertorriqueños.

En Estados Unidos, en cambio, la gente se empeña en diferenciarse según su color de piel o etnicidad. ¿Por qué? Por que es un país profundamente racista. De ahí vienen términos como «Asian American», «Afro American» y los ridículos «Latinx». Y eso, ¿no es racista? Para mí lo es, y mucho. ¿Por qué? Porque siguen viendo el color de la piel como una variable importante cuando no debería serlo, y además convierten esa diferencia en un arma. Estos »afropuertorriqueños» terminan siendo igual o más racistas que sus supuestos opresores. Son los mismos que le niegan la entrada a eventos infantiles a Tere Marichal por ser blanca, a pesar de su demostrada labor de amor hacia nuestra niñez.

“I look to a day when people will not be judged by the color of their skin, but by the content of their character.” ~ Martin Luther King, Jr.

Para reconocer estas dinámicas, es necesario observar desde afuera y hacer un análisis profundo. Son muy pocas las personas en la diáspora que entienden el peligro del identity politics, el cual, irónicamente, es profundamente racista, ya que insiste en dividirnos por diferencias tan superficiales como el color de la piel. Las pendejadas raciales de Estados Unidos se deben quedar en Estados Unidos.

6 comentarios sobre “Los racistas que dicen no ser racistas.

  1. Acabo de ver esto. Lo leí y estoy de acuerdo. La diáspora puertorriqueña para mí son todas profundamente yanquificadas y personalmente debemos tratarlos muy duras para enderezarlos y hacerlos ver que el mundo que se criaron no es el que va a volar acá que tenemos una realidad histórica, cultural, social y hasta política distinta a la que se acostumbran en EE.UU. Yo he escrito sobre este fenómeno muy común que he llamado la colonización ideológica yanqui, que he escrito en mi boletín y me fue publicado por Prensa Sin Censura:

    https://open.substack.com/pub/ideariohispanoamericanista/p/el-colonialismo-ideologico-yanqui?r=5j0kfx&utm_campaign=post&utm_medium=web&showWelcomeOnShare=false

    Me gusta

Replica a Ramón A. González-Arango López Cancelar la respuesta